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Comentarios charter
en Menorca con el Nui, Julio 2006 |
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| Comentario de Enrique: |
Vuelta a Menorca:
Embarcamos a bordo en Mahón. Allí nos conocimos todos, todo el mundo
mostraba su curiosidad por saber como ibamos a organizar el viaje
y cual sería la dinámica a seguir a bordo.
Lo primero que hacemos es la compra, que aunque parezca sencillo no
lo es tanto: vamos seis personas a bordo y no podremos volver a comprar
nada hasta llegar a Ciudadela, no hay que olvidar nada y hay que contentar
los gustos de todos.
Compramos el pescado fresco en el "mercat del peix" de Mahón, esta
noche cenaremos pescado al horno. Por fin soltamos amarras, nadie
sabe muy bien como ayudar aunque todos lo intentan. Hay risas y nervios.
El trayecto por el puerto de Mahón es precioso, pasamos por la isla
del Rey, por Es Castell, por la isla del Lazareto y finalmente llegamos
al final del puerto mientras admiramos La Mola. Como el viento sopla
del Norte ponemos rumbo al Sur de la isla. Izamos las velas y con
el viento en popa pasamos por el paso de la isla del Aire por encima
de unas aguas cristalinas que ya prometen unos baños memorables.
A partir de aquí pasamos frente a Binibeca y Cala Torret, pero parece
que los barcos fondeados se mueven mucho, por lo cual seguimos hasta
la olla de Binisafulla donde fondearemos para pasar la noche. La olla
de Binisafulla es como un recoveco en las piedaras de forma redonda
con un diametro de unos 25 m, el fondo es de arena blanca y eso hace
que las aguas sean de color turquesa. Allí pasamos la noche, y tras
una cena compuesta de ensalada y pescado al horno, nos pusimos todos
a reconocer las constelaciones del cielo con una copita de ron en
la mano.
A la mañana siguiente, al despertar, lo primero que hicimos fue bañarnos
antes de desayunar. El viento sigue de Norte, tomamos rumbo hacia
las calas del Sur de la isla, navegamos a un descuartelar con rachas
fuertes que hacían escorar el barco de repente. En un trecho relativamente
corto de costa nos encontramos con varias de las calas más bonitas
que uno se pueda imaginar, algunas son más conocidas como Macarella
y Macarelleta, y cala n'Turqueta, pero otras son más desconocidas
como Escorxada o Es Talaier. Pasamos tres días holgazaneando por esa
zona, si el día pintaba bien para navegar por la mañana nos haciamos
a la mar sin un rumbo fijo, solamente para disfrutar del placer de
sentir el barco deslizandose por el mar sin oir nada más que la roda
cortando las olas. Además siempre echabamos una linea de curry por
si acaso pescabamos algun pescado que nos alegrara la cena. Despues
por la tarde nos "relajabamos de las arduas tareas de la navegación"
disfrutando de una merecida siesta bajo el toldo, y si el calor apretaba,
un chapuzón lo solucionaba. Se me olvidaba comentar las tertulias
despues de comer, que resultaban de lo más variopinto debido a que
los que ibamos a bordo no nos conociamos y cualquier tema nos resultaba
interesante.
Por fin decidimos dirigirnos hacia Ciudadela, no se si por cambiar
o porque el agua dulce se estaba acabando. El caso es que partimos
de Son Saura para llegar a Ciudadela tras unas horas de navegación.
Allí tocaba un poco de intendencia, cargar agua, revisar las provisiones
e ir al mercado a comprar comida fresca. Una vez cumplidas las obligaciones
de a bordo cada uno se fue por su lado a explorar la ciudad, con sus
callejuelas empedradas y sus palacios góticos. Esa noche nos fuimos
todos a cenar a un restaurante del puerto; de esta manera nadie tuvo
que cocinar ni limpiar los platos; y las botellas cayeron una tras
otra, las pequeñas verdades de cada uno fueron aflorando y todos tuvimos
oportunidad de reirnos juntos.
El día despues fue duro: todo el mundo desayunó una aspirina junto
al café. Pero el viaje continuaba, y esta vez nos quedaba el Norte
de la isla por explorar.
Tras unas horas de navegación a motor, ya que el viento brillaba por
su ausencia, llegamos a la cala de Algaiarens. Esta cala está formada
por dos playas de arena blanca y allí pudimos volver a relajarnos
con los baños y las siestas tras el ajetreo de Ciudadela.
Desde allí nos fuimos a Cala Pregonda: no sé muy bien como explicar
la belleza de esta cla al atardecer, los colores rojos se funden con
el verde de las plantas y el rojo de la puesta de sol. No recuerdo
haber estado nunca en un lugar tan mágico, ¡lo mejor es vivirlo! Fornells
se encuentra a unas pocas millas de Pregonda y aprevachamos el viento
térmico para dar unos bordos y plantarnos en la entrada de la bahía
de Fornells. Por segunda vez fuimos a cenar fuera, esta vez para degustar
la famosa caldereta de langosta. Aunque la verdad es que no nos excedimos
como en Ciudadela.
Por la mañana nos dirigimos, otra vez a motor, hacia la Illa Colom,
pero como estaba muy llena de barcos nos acabamos fondeando en Cala
Tamarells frente a una atalaia de vigilancia inglesa, allí pasamos
la tarde y la noche practicamente solos. A bordo se respiraba una
cierta tristeza, esa era nuestra ultima noche en una cala, y ya todos
pensaban en el fin del viaje. Ya solo nos quedaba un corta trecho
para recorrer las ultimas millas hasta la Mola de la entrada del puerto
de Mahón.
Todos sabían ya plegar las velas y preparar las maniobras, los más
hábiles hasta lograban hacer los nudos marineros. Esa última noche
en puerto fuimos a cenar un gran trozo de carne con vino tinto, a
todos nos apetecia muchísimo tras tantos días de mar. Los brindis
por el viaje y el patrón se sucedieron uno tras otro, y algunos hasta
se fueron a bailar hasta altas horas de la noche.
A la mañana siguiente despedidas y abrazos frente a los taxis. Nuevos
amigos y buenas vacaciones. En fin: un viaje inolvidable. |
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