Travesía atlántica del NUI
De Barcelona hasta Canarias
El Nui inició su singladura en Barcelona el 22 de noviembre
de 2005.
Es la septima travesía que realiza el barco.
Los preparativos han sido largos y parece que no se acaben nunca,
por más meses que uno lleve preparando el barco no acabas
de trabajar hasta el momento de soltar las amarras.
La tripulación está compuesta por tres personas al
salir de Barcelona, más adelante se irán sumando otros
tripulantes y algunos se desembarcaran en Canarias.
El primer objetivo es llegar hasta San Pedro del Pinatar donde unas
velas nuevas están esperandonos, las velas que llevamos ya
tienen miles de millas y no están para realizar muchas más.
El Mediterraneo en invierno puede ser muy frio, además de
que la meteorologia no es tan buena como durante los meses de verano.
Tras un día de navegación a motor por fin entra el
viento, y va subiendo hasta que al llegar a San Pedro del Pinatar
alcanza los 35 nudos.
Una vez puestas las nuevas velas nos dirrigimos hacia Málaga
para recoger a un nuevo tripulante.
Nos espera el estrecho, que, por supuesto, acabamos pasando con
el viento en contra.
Una noche infernal dando bordos y mojados para llegar al puerto
de Santa Maria.
Tras poner a secar todos los trajes mojados, nos vamos a comer pescaditos
fritos y a tomar finos para celebrar nuestra entrada al Oceano Atlántico.
En el Puerto se embarca otro tripulante para completar la travesía
hasta Martínica.
El tramo desde Cadiz hasta Canarias es en mi opinión el
más difícil de toda la travesía.
Quizás sea debido a que casi siempre que lo he hecho me he
encontrado con condiciones muy duras, y que en una ocasión
se me rompió una botavara y en otra un palo.
El caso es que siempre inicio este trecho con mucho respeto.
Pues una vez más el tiempo se puso duro. Un viento del SW
(proa total), de unos 20 a 30 nudos nos obligó a dar bordos
los tres ultimos días del viaje hasta Lanzarote.
Al llegar, una vez más tuvimos que sacar todo a secar a fuera.
En Lanzarote se dembarcaban los dos tripulantes que habían
salido desde Barcelona, tras haber realizado la parte más
desagradable del viaje, y se embarcaban dos nuevos que teoricamente
iban a hacer la parte más atráctiva.
De Canarias hasta Martinica
El paso del Huracán Delta
Ya son muchas las travesías que he realizado pero siempre
noto una sensación especial antes de salir.
Aunque en principio esta es la parte más fácil, no
deja de ser una distancia muy grande la que hay que atravesar, y
uno debe de estar muy seguro de que podrá solventar todos
los problemas que vayan surgiendo.
Esta vez los problemas ya estaban la mar: se acababa de formar
un huracán tardío que rondaba por allí, el
DELTA
Debido a que se encontraba muy lejos decidimos salir con un rumbo
muy Sur para evitar cualquier posibilidad de que nos alcanzara.
Y por eso empezamos la travesía ciñendo una vez más:
al pasar el Delta por nuestro Norte nos envíaba vientos del
tercer cuadrante que nos obligaron a bajar al Sur.
La verdad es que en ningun momento pasaron de los 25 nudos ya que
nos paso muy al norte.
Pero cuando oimos por la radio los destrozos que había causado
en su ruta hacia el Norte al pasar por Canarias, nos alegramos mucho
de no estar allí.
Los Alisios
Al cabo de unos días empezaron a entrar de una manera muy
suave los Alisios.
Durante los primeros días pusimos el espínaker bastantes
horas, incluso algunas noches en que el horizonte estaba limpio
lo aguantamos la noche entera.
Sin embargo una de esas noches nos entró un chubasco con
el espínaker pequeño izado, el resultado fue desastroso:
se reventó entero mientras organizabamos la maniobra de arriado.
Las maniobras de noche no son nada sencillas. Primero porque está
casi todo el mundo durmiendo, lo cual retrasa mucho las maniobras
ya que hay que despertar al resto de la tripulación para
iniciarlas. Por supuesto me refiero a maniobras un poco complejas
como son las de arriado del espí. Y segundo porque con las
linternas y los frontales se ve muy mal, y además se deslumbra
al resto de los tripulantes.
Pero la tentación de mantener el espí arriba con buenas
condiciones es muy grande.
Al día siguiente en el momento de calcular la situación
y las millas recorridas durante las ultimas 24 horas, la media de
millas sube de una forma tan brutal que dudas mucho a la hora de
arriarlo para pasar la noche.
Llevabamos ya varios días con la caña de pescar echada
y cada vez algún pez grande se nos llevaba el anzuelo; el
caso es que nos estabamos quedando sin anzuelos y sin pescado para
comer.
Nos tuvimos que fabricar una rapala hecha a base de hilos de colores
y plasticos que milagrosamente funcionó, los dos siguientes
días pescamos varios dorados, uno de los cuales era de un
peso considerable.
Durante la travesía yo confío mucho en la pesca para
el aporte de proteinas, y de hecho pocas son las travesías
en las cuales no he pescado nada. El Dorado es el pescado de la
travesía por excelencia, tanto es así que uno acaba
harto de comer dorado y lo único que deseas es que pique
un atún, aunque solo sea para cambiar de menú.
Pasado el ecuador de la travesía los partes que íbamos
recibiendo por la radio nos anunciaron unos alisios de 25 a 30 nudos.
Es lo mejor que te puede pasar despues de más de una semana
navegando tranquilamente con el espí. ¿Porqué?
Pues porque te cambia el ritmo de trabajo, las medias diarias de
millas empiezan a subir y porque no hay nada más divertido
que pilotar un velero al largo planeando a 10 o 12 nudos.
Efectivamente nos espabiló un poco a todos, los libros ya
no eran la única distracción y el piloto automático
dejó de funcionar tan seguido como hasta ahora.
Nuestra máxima singladura en 24 horas fue de 198 millas,
lo cual para un barco de 14 metros nos está nada mal. Creo
que todos los tripulantes guardan en su memoria esas planeada salvajes
con olas que iban adquiriendo tamaño día tras día,
y la excitación que nos embargaba al sentir como el barco
despegaba en su planeada, y todo esto con bañador y camiseta,
sin frío ni nubes ni mal tiempo.
Durante el viaje las millas que faltan a destino van disminuyendo
poco a poco, pero existen lo que yo llamo unas "barreras sicológicas";
la distancia total son mas o menos, y dependiendo del punto de partida,
unas 2800 millas, y la primera barrera sicológica se sobrepasa
al pasar las 1000 primeras millas, la segunda es al pasar el ecuador
del viaje y la tercera es cuando te faltan menos de 1000. A partir
de entonces es una cuenta atrás, te pasas el día calculando
el día y hasta la hora de llegada.
Por eso los ultimos días ibamos apretando el barco para
llegar lo más rápido posible.
A falta de dos jornadas para llegar a Martinica tuvimos un encuentro
con una orca de unos 8m que nos estuvo siguiendo durante casi una
hora, la orca jugaba con nosotros, pasaba de un lado a otro del
barco casi rozandolo. No sabiamos muy bien si disfrutar del momento
o bien asustarnos, pero al cabo de un rato optamos por relajarnos
y disfrutar del cetaceo.
Lo más curioso del caso es que al cabo de unos días
me encontré con un amigo que tambien acababa de cruzar detrás
nuestro y me comentó la misma historia y en la misma posición
en la cual nos sucedió a nosotros, ¿todavía
me pregunto si solo fue casualidad?
Por fin tras 17 días de mar sin ver tierra nos apareció
la isla de Martinica por la amura de estribor. A pesar de que hoy
en día no tiene ningún misterio situarse en medio
del mar, uno siente algo especial y casi indescriptible al ver aparecer
la tierra por la proa.
Como no podía ser de otra forma acabamos recalando en el
puerto de "Le Marin" de noche, pero con tiempo suficiente para cenar
en el restaurante del puerto.
Tras la cena los rones fueron cayendo uno tras otro hasta que los
cuerpos no aguantaron más y nos tuvimos que ir a dormir a
bordo del NUI.
En mi caso esta la travesía del Atlántico numero
14, pero sin embargo recuerdo cada cruze de una manera muy diferente,
y al poco tiempo de estar en tierra ya estaba pensando en la siguiente.
Ahora mismo sentado frente al ordenador se me va la imaginación
hacia horizontes lejanos: creo que estoy enfermo...... muy enfermo
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