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VELEROS MENORCA - Agosto 2006


Vuelta a Menorca con el Velero Nui (10 días)

Embarcamos a bordo en Mahón. Allí nos conocimos todos, todo el mundo mostraba su curiosidad por saber como ibamos a organizar el viaje y cual sería la dinámica a seguir a bordo.
Lo primero que hacemos es la compra, que aunque parezca sencillo no lo es tanto: vamos seis personas a bordo y no podremos volver a comprar nada hasta llegar a Ciudadela, no hay que olvidar nada y hay que contentar los gustos de todos.
Compramos el pescado fresco en el "mercat del peix" de Mahón, esta noche cenaremos pescado al horno.

Por fin soltamos amarras, nadie sabe muy bien como ayudar aunque todos lo intentan.
Hay risas y nervios.
El trayecto por el puerto de Mahón es precioso, pasamos por la isla del Rey, por Es Castell, por la isla del Lazareto y finalmente llegamos al final del puerto mientras admiramos La Mola.

Como el viento sopla del Norte ponemos rumbo al Sur de la isla.
Izamos las velas y con el viento en popa pasamos por el paso de la isla del Aire por encima de unas aguas cristalinas que ya prometen unos baños memorables.
A partir de aquí pasamos frente a Binibeca y Cala Torret, pero parece que los barcos fondeados se mueven mucho, por lo cual seguimos hasta la olla de Binisafulla donde fondearemos para pasar la noche.
La olla de Binisafulla es como un recoveco en las piedaras de forma redonda con un diametro de unos 25 m, el fondo es de arena blanca y eso hace que las aguas sean de color turquesa.
Allí pasamos la noche, y tras una cena compuesta de ensalada y pescado al horno, nos pusimos todos a reconocer las constelaciones del cielo con una copita de ron en la mano.

A la mañana siguiente, al despertar, lo primero que hicimos fue bañarnos antes de desayunar.
El viento sigue de Norte, tomamos rumbo hacia las calas del Sur de la isla, navegamos a un descuartelar con rachas fuertes que hacían escorar el barco de repente.
En un trecho relativamente corto de costa nos encontramos con varias de las calas más bonitas que uno se pueda imaginar, algunas son más conocidas como Macarella y Macarelleta, y cala n'Turqueta, pero otras son más desconocidas como Escorxada o Es Talaier.
Pasamos tres días holgazaneando por esa zona, si el día pintaba bien para navegar por la mañana nos haciamos a la mar sin un rumbo fijo, solamente para disfrutar del placer de sentir el barco deslizandose por el mar sin oir nada más que la roda cortando las olas.
Además siempre echabamos una linea de curry por si acaso pescabamos algun pescado que nos alegrara la cena.
Despues por la tarde nos "relajabamos de las arduas tareas de la navegación" disfrutando de una merecida siesta bajo el toldo, y si el calor apretaba, un chapuzón lo solucionaba.
Se me olvidaba comentar las tertulias despues de comer, que resultaban de lo más variopinto debido a que los que ibamos a bordo no nos conociamos y cualquier tema nos resultaba interesante.

Por fin decidimos dirigirnos hacia Ciudadela, no se si por cambiar o porque el agua dulce se estaba acabando.
El caso es que partimos de Son Saura para llegar a Ciudadela tras unas horas de navegación.
Allí tocaba un poco de intendencia, cargar agua, revisar las provisiones e ir al mercado a comprar comida fresca. Una vez cumplidas las obligaciones de a bordo cada uno se fue por su lado a explorar la ciudad, con sus callejuelas empedradas y sus palacios góticos.
Esa noche nos fuimos todos a cenar a un restaurante del puerto; de esta manera nadie tuvo que cocinar ni limpiar los platos; y las botellas cayeron una tras otra, las pequeñas verdades de cada uno fueron aflorando y todos tuvimos oportunidad de reirnos juntos.

El día despues fue duro: todo el mundo desayunó una aspirina junto al café.

Pero el viaje continuaba, y esta vez nos quedaba el Norte de la isla por explorar.

Tras unas horas de navegación a motor, ya que el viento brillaba por su ausencia, llegamos a la cala de Algaiarens. Esta cala está formada por dos playas de arena blanca y allí pudimos volver a relajarnos con los baños y las siestas tras el ajetreo de Ciudadela.

Desde allí nos fuimos a Cala Pregonda: no sé muy bien como explicar la belleza de esta cla al atardecer, los colores rojos se funden con el verde de las plantas y el rojo de la puesta de sol. No recuerdo haber estado nunca en un lugar tan mágico, ¡lo mejor es vivirlo!

Fornells se encuentra a unas pocas millas de Pregonda y aprevachamos el viento térmico para dar unos bordos y plantarnos en la entrada de la bahía de Fornells.
Por segunda vez fuimos a cenar fuera, esta vez para degustar la famosa caldereta de langosta. Aunque la verdad es que no nos excedimos como en Ciudadela.

Por la mañana nos dirigimos, otra vez a motor, hacia la Illa Colom, pero como estaba muy llena de barcos nos acabamos fondeando en Cala Tamarells frente a una atalaia de vigilancia inglesa, allí pasamos la tarde y la noche practicamente solos.
A bordo se respiraba una cierta tristeza, esa era nuestra ultima noche en una cala, y ya todos pensaban en el fin del viaje.

Ya solo nos quedaba un corta trecho para recorrer las ultimas millas hasta la Mola de la entrada del puerto de Mahón.
Todos sabían ya plegar las velas y preparar las maniobras, los más hábiles hasta lograban hacer los nudos marineros.

Esa última noche en puerto fuimos a cenar un gran trozo de carne con vino tinto, a todos nos apetecia muchísimo tras tantos días de mar.
Los brindis por el viaje y el patrón se sucedieron uno tras otro, y algunos hasta se fueron a bailar hasta altas horas de la noche.
A la mañana siguiente despedidas y abrazos frente a los taxis. Nuevos amigos y buenas vacaciones.

En fin: un viaje inolvidable.


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